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El cepo versus la oferta y la demanda

Es sabido que las alteraciones a la lógica referida a limitaciones para obtener algún bien encontrará como respuesta una sobre reacción sin perjuicio de la razonabilidad de los argumentos que pudieran esgrimirse para justificarla. Esto es de aplicación para la situación planteada desde la puesta en vigencia del cepo cambiario que fracturó la oferta de divisas extranjeras provocando una exacerbación de la demanda sobre todo de aquellas con dependencia de las importaciones.

El evidente atraso cambiario potenciado por la drástica caída de las reservas que, desde los 52.654 millones de dólares de enero de 2011 hasta los actuales 28.358 millones, que representan una disminución del 46% en sentido inverso con la emisión monetaria, es el incentivo para la motorización de expectativas devaluatorias espoleadas por el proceso inflacionario dentro del cual lo fiscal es actor principal.

No es un descubrimiento que merezca ser destacado que el instrumento, básico y primario, utilizado por el BCRA ha sido, como tantas veces, la aplicación ortodoxa de la fórmula de elevación de la tasa de interés para estimular la tendencia hacia otras herramientas financieras con nivel de atracción y de ese modo contener una corrida hacia el dólar, sobre todo aprovechando el impacto de una devaluación de envergadura que presumía un horizonte más calmado.

Pero esta medida por sí misma resulta insuficiente cuando no forma parte de una planificación más integral que, pari passu, active el ingreso de capitales para desalentar esa demanda y encauzar la mira en la generación de actividad económica genuina que logre desviar el foco de la especulación financiera.

Por otra parte, es sabido que cuando comienza un circuito con perspectiva de devaluación aparece la contracara, que refleja un conservador nivel de exportaciones en la espera de mejores resultados. La combinación de todos estos factores que parecen disociados pero que confluyen en una misma dirección, se convierten en señales que derivan en reducción del consumo por la caída de la capacidad de compra de los salarios y la posibilidad de contracción general de la economía, especialmente la industrial.

ADIVINAR EL FUTURO

Dado que se está en presencia de un tiempo político cuyas proyecciones se limitan a medidas de coyuntura con imágenes que bordean las políticas de Estado para el largo plazo, resulta casi una adivinanza establecer por fuera de la simple aritmética los parámetros a los que se ajustará la determinación para formular una política cambiaria que resulte compatible con un plan integral y habilite acciones de quienes deben invertir.

Por esto es que resulta casi una adivinanza proyectar sobre la labilidad política en lugar de hacerlo sobre la base de lo estrictamente técnico. La situación se hace compleja pues si se trata de sustentar o mejorar la capacidad competitiva de las exportaciones nacionales, es preciso mantener un tipo de cambio que, más allá de las posturas sectarias, impulse a los operadores, especialmente los agrícolas, a redoblar sus operaciones y de ese modo concretar liquidaciones que alivien la presión que soporta actualmente la sensible cornisa en la que se encuentra la relación del comercio exterior.

Pero desde otro ángulo, una medida de esta naturaleza debilitaría aún más la menguada fortaleza de los ingresos de los asalariados y de la clase media independiente que no deja de padecer por los incrementos de los precios de los productos de consumo. Por cierto que no es ajeno a esto el aumento de los combustibles impulsado por YPF, que vierte exponencialmente en todos los rubros.

Frente a este dilema, y ante una realidad cada vez más presente, es probable que se decida por uno de los dos males y éste sea devaluar, quizá de una manera progresiva, lo que no remediará el aumento del costo de vivir pero proyectará la perspectiva de un cierto, pero no suficiente, ingreso de divisas que permitan deslizarse en el tiempo y procurar, mientras tanto, algún fondeo aliviador derivado de entes multilaterales.

Esto, lamentablemente no depende de acciones coyunturales sino que reclama recobrar la confianza perdida, lo que es algo que exige mucho más tiempo del que hoy se dispone. El dólar, una variable que acecha, puede terminar el año ayudando a la macro y castigando a la micro.

* Presidente de Cacsa SA consultora de negocios

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